
Hace una semana se publicó en Salta un libro de historia de la literatura salteña, que iba de 1982 hasta el presente. Además, se reeditó el trabajo de Walter Adet, que abarcaba desde que Salta es Salta, hasta 1982, con algunas “actualizaciones”, vertidas, por lo general, en uno que otro pié de página.
Un libro de historia literaria es un lugar en el que todo el que escribe quiere estar. Es un libro canonizador (disculpen el término). Como era de esperarse se armó un fuerte revuelo. A continuación damos a conocer una carta abierta –ya publicada por el sitio Salta21- enviada por varios de los hacedores salteños en la que critican esta nueva edición. Lea y opine.
Desagravio a la Antología de Walter Adet
"Cuatro Siglos de poesía de Salta"
Informe de los escritores autoconvocados en defensa de la Literatura
Con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta, que propuso inicialmente el trabajo pero luego no editó el libro, apareció, ¿cómo llamarle?, la reedición de la Antología “Cuatro siglos de poesía de Salta”, de Walter Adet (tomo I) más la ”ampliación” (tomo II), realizada esta segunda parte no precisamente por el poeta ya fallecido.
En realidad los dos tomos deberían haber sido publicados, como corresponde, por separado, pero aparecen juntos, en una misma edición, con tapas y diseños iguales, conformando dos volúmenes de una misma unidad (tomo I y tomo II). No se sabe bien la razón de este extraño ensamble editorial. Quizá el segundo tomo (la ampliación) se montó sobre el nombre de Walter Adet y el prestigio de su antología, con la esperanza de poder burlar así un destino de absoluta intrascendencia. Esa estrategia de subirse al arado del otro y creer que se va arando, dio como fruto un injerto que hace agua por todas partes:
l- Hacer una “actualización” de una Antología, sobre todo si ésta tiene ya 25 años de publicada, no implica que los escritores que ahí aparecieron, deban ser dejados a un lado de la actualidad literaria. Es decir, deberían haber sido incluidos también en la “ampliación”, ya que sus obras han evolucionado, realizado cambios estéticos, incursionado en otros géneros literarios, etc. No incluirlos en la “ampliación” es dejarlos congelados en el tiempo y no mostrar lo que hicieron con posterioridad a la fecha de la primera antología. El hecho de que les hayan consignado a pie de página, con letra muy pequeña, algunos de los libros después editados, no significa actualizar la obra. Por ejemplo; se da el caso de poetas (incluidos por Walter Adet en su Antología) que luego se centraron en la narrativa obteniendo importantes reconocimientos, como son los casos de Carlos Hugo Aparicio y Liliana Bellone, que no aparecen como narradores en la “ampliación”, donde sí aparece, entre los escritores, alguno que otro aventurado sin libro ni participación alguna en la literatura.
2- Podrán argumentar que el segundo tomo no es una antología sino simplemente una “guía”. Pero entonces ¿por qué se monta sobre una Antología previa? A decir verdad, el tomo II no es una simple guía, ya que lo que muestra no son únicamente los nombres y antecedentes sino también los poemas, los cuentos, etc.
3- Las antólogas del “injerto” argumentarán que son dos libros totalmente independientes. No es verdad, en primer lugar porque la “ampliación” se edita como unidad con la Antología de Walter Adet (tomo I y tomo II) y en segundo término porque los autores que fueron incluidos en la primera antología ya no aparecen en la segunda. Es decir, la segunda parte fue pensada como una continuidad de la primera.
4- En este forzado ensamble editorial, hasta la misma Antología de Walter Adet no deja de sufrir las consecuencias lógicas. Al serle adosada una segunda parte supuestamente actualizada, se la saca inevitablemente de su recorte en el tiempo y se la hace intervenir en relación con el presente, aunque sin que se actualice la obra de los que en ella aparecieron. Además, en la “ampliación” se incluye a escritores que, aunque ya venían escribiendo, no fueron incluidos en su momento en la antología por Adet, con lo cual ésta queda modificada.
5- Por otra parte ¿cómo se puede actualizar una antología? Ni el mismo antólogo podría haberlo hecho y en ese caso se hubiera visto en la necesidad de realizar una nueva antología, sobre todo cuando ya pasaron más de veinticinco años de la aparición de la primera y muchos de los ahí incluidos están todavía vivos y coleando, escribiendo literatura. En definitiva, el “montaje” editorial se presenta como una ecuación que no cierra por ningún lado y que denota una falta absoluta de seriedad y de criterio lógico.
6- Se sigue la política de “la Biblia junto al calefón”; se incluye en la “ampliación” a gente que aun cuando pueda haber escrito, como todo ser humano, algún poema suelto o un cuento en su vida, no por ello ha estado alguna vez en la literatura. Conviven así en el “injerto” poetas con no-poetas, escritores con no-escritores, caminantes de la más variada ralea. Con ese criterio se podría haber tomado directamente la guía telefónica y evitado el trabajo de la “ampliación”. Ese emparejamiento, esa masificación, ese borramiento en la inmensa hojarazca, constituye un modo de desvirtuar la literatura y pretender destituir, mediante la política de meter a todo el mundo en una misma bolsa, a los escritores que durante décadas han venido trabajando con seriedad.
7- En la “ampliación” (tomo II) no se sigue un criterio uniforme en el tratamiento de los antecedentes de los allí incluidos. Mientras que a algunos escritores les omiten varios libros publicados, a otros (que nunca publicaron) les consignan, por ejemplo, los 10 libros inéditos que supuestamente tienen. Casi cómico si no fuera que lo que está en juego es la valoración de la literatura. Con ese criterio empleado les podrían haber puesto las obras no escritas, las novelas que no piensan escribir, las conferencias que jamás dictarán, etc.
Sin ningún asidero de objetividad, a los favorecidos por las “antólogas”, les hacen constar en varias páginas de “currículo”; sus participaciones en antologías, actividades varias, publicaciones en los diarios y, si nos descuidamos, cursos de cultivo de bonsái y arreglos florales, mientras que a otros escritores no los miden con la misma vara y directamente les omiten parte de la obra y les amputan un recorrido de muchos años en las letras.
8- Nuestras “antólogas” argumentarán seguramente que no todos respondieron del mismo modo a la convocatoria y que algunos escritores no les acercaron sus antecedentes a tiempo. Aun si así fuera, eso no constituye un justificativo. En toda investigación seria, los que deben trabajar y procurarse el material son los sujetos que investigan y no aquellos que son los objetos de la investigación. Además están los archivos, la bibliografía, las fuentes en donde se puede recabar la información. Porque si no, podemos hacer, por ejemplo, una pésima investigación sobre los esquimales y luego salir a justificarnos diciendo que éstos no nos acercaron los datos.
Imaginémonos que un crítico literario que no conozca sobre la literatura de Salta tuviera ese “injerto” en sus manos; no podría allí orientarse y llegaría a creer que algún “incluido” en la “ampliación” es más referente de la literatura de Salta que Manuel J. Castilla o Juan Carlos Dávalos.
Cabe aclarar que publicar, en forma independiente, una nueva antología puede ser un acto encomiable. Los antólogos, en forma privada, están en todo su derecho de hacerlo y colocar ahí a quienes quieran. Es decir, lo que criticamos no es aquí, desde luego, la reedición de la antología de Walter Adet en sí misma (que siempre será bienvenida), ni siquiera la posible aparición de otras antologías independientes, sino este extraño acople, ese raro “ensamble” que montado sobre el nombre de una antología prestigiosa, la desvirtúa y se nutre de su savia, implicando a la vez una desvalorización y un intento de borramiento de la literatura de Salta.
Teresa Leonardo Herrán, Liliana Bellone, Rosa Machado, Antonio Gutiérrez, Alejandro Morandini y siguen firmas