
miércoles 7 de marzo de 2012
sábado 28 de enero de 2012
Nueva Narrativa Salteña: Dallacaminá y sus mentiras

Alejandro Kozarts (*)
Supongo que todo escritor es, en el fondo, un fetichista de las palabras. Las letras se juntan, las palabras se arman y se desarman, como un juego, mucho más importante en sí, que la historia para la que son utilizadas. Las palabras como un fin y no como un medio. Esto se percibe, de a momentos, en el autor que trataremos de analizar en esta reseña: Alejandro Dallacaminá. Algunos datos contextuales: nacido en Orán, el 19 de febrero de 1983, es el autor del libro “Yoes y mentiras”, que ganó el concurso provincial de cuento en 2004. Además publica relatos, con cierta asiduidad, en su blog (manchasdeltigre.blogspot.com), aunque por una cuestión de espacio en esta reseña sólo se comentará el libro.
El título obedece al desdoblamiento del narrador o por lo menos a la convivencia de más de una personalidad: hay más de un “yo”. El mismo autor en el prólogo del libro, titulado “A ambos lados de Dios”, habla así de esa situación esquizofrénica: “Sería arrogante justificar cada coma donde está, cada punto que ocupa un lugar. Porque en cada relato que he pensado sanamente para este libro, se ha colado de manera totalmente involuntaria mi enfermo inconsciente, mi atolondrado espíritu que quería poner él también su nombre en la carátula… las locuras morbosas, los excesos evidentes, las palabras sin sentido, no las he elegido yo… No voy a afirmar la veracidad de mis palabras ni la falsedad de mis mentiras”. Sí, alguien habrá notado ya el fantasma de Borges sobrevolando esta declaración, y su influencia también se percibe en otros aspectos del libro: el regodeo en su prosa, la ironía fina, algunas formas en que enumera (Ej.: Él luchó en la guerra santa, se casó con una geisha llamada Yeromé, estuvo preso por una estafa que no cometió, sembró algunas flores en el fondo del mar. Ella se casó con un negro marroquí, anheló la paz mundial, sus tres hijos son Melchor, Gaspar y Baltasar, juntó flores del fondo del mar”.); aunque Dallacaminá está, afortunadamente, lejos de ser un escritor borgeano.
No hay ninguna pretensión de realismo. Y con esta afirmación no me refiero a la elección temática (porque de última se podría separar el corpus entre cuentos realistas y fantásticos); sino al hecho de que el lector no puede sumergirse totalmente en una historia porque siempre hay huellas visibles de que se está contando una historia. Por ejemplo, en “Hombre bueno”, Dallacaminá cuanta la historia de un hombre que es demasiado bueno (ésa es su virtud, su defecto y su destino...”, dice el narrador) y este personaje se enfrenta a la situación de tener que hacer cola en un cajero y, va cediendo su lugar a los que llegan, de manera que el tiempo pasa, años a decir verdad, y el hombre sigue sin poder entrar a sacar plata. En un momento, la voz del narrador irrumpe: “Todo muy emotivo pero…, ¿cómo termina esta historia? Hay dos posibilidades posibles…”
Este fragmento es una muestra, asimismo, de otra vertiente lúdica dentro de la obra dallacaminiana: el relato-performance; el escrito que obliga al lector a sumergirse en el libro y participar de manera activa en esos juegos. Un ejemplo: el texto “Para escribir una historia” está en segunda persona, son instrucciones para los aspirantes a escribidores sobre cómo lidiar con sus personajes: “…sígalo de cerca, siempre de cerca. Si se duerme, despiértelo; si se ríe, cállelo; si se baña, córtele el agua…”. La idea del libro como performance está, también, en la contratapa del libro y en la nota final de la página 91; allí el lector se topa con esto: “Al leer el libro por segunda vez, y sólo por segunda vez, aparecerá entre las páginas cuarenta y cuarenta y uno un texto desconocido que no me pertenece. El texto se encontrará en un único ejemplar de esta edición cuando el lector lea por segunda vez el libro. Y después, aparecerá para siempre…”.
El humor y la total falta de solemnidad, son algunas de las grandes virtudes de este libro.
(*) Publicado por El Intransigente, el viernes 27 de Enero de 2012
martes 17 de enero de 2012
Nueva narrativa salteña: LA OTRA CARA DE LUNA

Hasta los 80’, las historias se anclaban en el ámbito rural; fue en esa década que Carlos Hugo Aparicio permitió descubrir a los lectores que los barrios capitalinos también podían ser escenarios para buenos cuentos (si bien su novela y varias de sus historias jamás abandonaron la puna). Y han pasado casi 30 años para que la musa espacial presente una nueva mutación: la ciudad, que si bien está lejos de ser una gran metrópolis, se diferencia del barrio apariciano por su neurosis, por sus nuevos ritmos, por la visibilidad de una composición social más heterogénea y, sobre todo, por su violencia.
No es que se hayan dejado de escribir cuentos con esos parsimoniosos locus amoenus, ni con esas siestas y conversaciones lacónicas de barrio; pero si hay algo de nuevo en la nueva narrativa salteña es el cambio de paisaje, la imposición de una ciudad desquiciada.
Y es justamente en “El libro de las humillaciones Varias”, publicado por Editorial Intravenosa (Jujuy) en 2011, donde se percibe esta transición pues en sus páginas conviven el pueblo, el barrio y la ciudad.
El título sintetiza el espíritu de los cuentos de Alejandro Luna: no es que el autor no quiera a sus personajes; pero sabe que un buen escritor debe apartarse, debe dejar que sus personajes anden solos y se enfrenten, con esa desnudez, ante los infortunios del destino. Todos sus personajes están condenados al desasosiego, a desear y a tratar de con seguir algo que nunca obtendrán y a sufrir durante ese intento.
Una comparación: en un cuento de Aparicio, a una familia le hurtan, una a una, de manera imperceptible y sutil, las ruedas del auto; en un cuento de Luna una parejita está discutiendo en la parada de colectivos cuando se les acerca grupo de mocosos drogados para robarles, el chico se resiste, y lo matan a golpes. “Cayó al suelo y comenzaron las patadas por todo su cuerpo que no quería más que amar y que lo amen. Ella comenzó a correr. El Gabo ya no se cubría de los golpes…”, dice el narrador: la violencia es tangible y es, junto a la desolación, uno de los ejes del libro.
Salvo dos, todos los cuentos son realistas, a tal punto que a veces Luna pone como epígrafe inicial de los cuentos fragmentos de noticias de diarios, epígrafes que pueden servir como efecto de realidad, o como una forma, por parte del autor, de reconocer que esas noticias fueron las disparadores de los cuentos (de cualquier manera, esos epígrafes entorpecen la lectura, pues adelantan el desenlace de la trama y porque los sucesos de los diarios son demasiado comunes como para que Luna se sienta en la obligación de citarlos como fuentes).
Una de las excepciones a ese realismo es “El Pollo”, que es, también, el mejor cuento del libro. Luna vuelve al ambiente de pueblo (que nunca termina de abandonar, algo que se percibe en cómo hablan muchos de los personajes), se apoya en el fantástico, y nos brinda un relato tierno y, al mismo tiempo, cargado de una crueldad infantil (que es la más refinada de las crueldades y en la que además Luna parece experto): “Cuando recién conocieron a Miguel se le acercaban para hablar con él, pero en poco tiempo su condescendencia lo convirtió en un chico poco creíble. Lo que se debía también a que Miguel era excesivamente bueno en una edad en que ser bueno no es lo mejor para la convivencia. Todo lo que tenía lo daba, a todo asentía y por ello sufría las peores burlas…”
El Libro de las humillaciones varias es un libro extraño. Pululan, en esas páginas, personajes heridos, llenos de cicatrices abiertas. Y Luna conoce esas cicatrices y sobre ellas construye su literatura.
sábado 7 de enero de 2012
Nueva Narrativa Salteña: Un tal Cecilio Pastrani
¿Hay una nueva narrativa salteña? Difícil saberlo. Hay, sí, muchos jóvenes escribiendo, la mayoría sin espacio para mostrar sus producciones. Ahora, si hay algo de nuevo o de salteño en esos escritos es algo que está aún por verse.
Hablemos del libro de cuentos “Doppelgänger”, de Cecilio Pastrani, que antes de llegar, la semana pasada, a la vidriera de una librería de calle Caseros, circuló en 2010 entre un pequeño grupo de amigos del autor. Sobre Pastrani hace falta saber algunas cosas: estudió Letras en la UNSa., no soportó la carrera y, cual detective salvaje, se fue a probar suerte a España. Desde entonces anda dando vueltas por alguna parte de Europa. Estos datos biográficos se perciben en su prosa, tan deudora de las lecturas (Bolaño, Cortázar, acaso Raymond Carver), como del castellano que escucha a diario: los narradores de Pastrani no tienen esa vocecita de color local provinciano –que dicho sea de paso en Salta sólo le sale bien a Carlos Hugo Aparicio-, sino que hablan como en España: “Fue duro, mas en ningún momento sucumbí a la tentación…”; o “voy a por ella” o “Nunca vi nadie que blufeara como él lo hacía.” Alguien podría señalar, de igual manera, la cantidad de palabras y frases del inglés que irrumpen en la prosa y ni hablar de los títulos en alemán.
No estoy diciendo que esto sea un defecto o una virtud: digo que es raro (aunque para mí lo raro suele ser bueno), en todo caso es un síntoma, que da cuenta de una fuerte necesidad, en el autor, de cortar sus raíces, de distanciarse de la provincia en la que vivió hasta los 20 años, más allá de algunos elementos decorativos de esa salteñidad (como el mate). El título del libro, en este sentido, ya nos brinda algunas pistas de esta sensación, porque “Doppelgänger” significa en alemán “doble fantasmagórico”, habla del doble de una persona, generalmente malvado.
Hay varios cuentos de este libro que valen la pena de ser leídos; pero hay uno especial, titulado “alptraum”, que es imperdible: si bien la trama puede remitir a Ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut), de Stanley Kubrick, el clima es totalmente davidlyncheano (no por nada “alptraum” significa “pesadilla” en alemán) y el narrador sumerge al lector en ese mundo totalmente carente de sentido y profuso en humor. Sinteticemos la trama: un hombre empieza a contar que cierta noche terminó en una exclusiva fiesta swinger, que en la habitación de ese hotel todo estaba a oscuras, que de todos modos el personaje podía ver que todos tenían máscaras, menos él y que había en el centro de la habitación un círculo de luz. “Ni siquiera tenía pareja, aunque sentada a mi lado había una mujer gorda y negra (aunque no sé si era negra o sólo la veía negra por la oscuridad reinante) que parecía excitada, que respiraba ruidosamente y se movía al compás de alguna música que solo ella podría oír, un ritmo lento y espeluznante que se me ocurría era una bossa nova sideral o, aún más lejana, una bossa nova plutónica”, dice el narrador. El cuento es delirante y tiene un “cameo” especial para los lectores de narrativa norteamericana.
Al finalizar el libro uno puede llegar a pensar que el término “doppelgänger” no alcanza a contener a todas esas voces narrativas, tan disímiles entre sí, que trasuntan el libro; que no hay un gemelo malvado de Cecilio Pastrani, sino varios Cecilios Pastranis ( eso sí, todos malvados.)
Quizá este libro sintetiza la preocupación de algunos jóvenes escritores salteños: la necesidad de suprimir el pasado, no tanto para decir “la literatura empieza con nosotros” y reconstruir ignorando las ruinas; sino porque los que escriben están escindidos de manera espacial y temporal con la provincia: no hay nada en ese pasado, no hay nada en esta Salta a lo que se sienten unidos. Y esto no sólo le pasa a Pastrani, que está en Europa, sino a muchos salteños que nunca pudieron dejar este valle.
(*) Publicado por El Intransigente, viernes 6 de Enero de 2012
miércoles 7 de diciembre de 2011
La muerte y la muerte de Mela

María de los Ángeles Rojas (*)
“Este brazo, aunque sea tan real, es de madera, porque nací muerta y me tironearon para que saliera y así se quedó adentro”, me confió gravemente. Ni siquiera parpadee. “¿Dentro de dónde?”, hubiese querido indagar mientras tocaba ese miembro tan gemelo del otro.
Pronto Mela cayó en cuenta de que era yo un público muy agradecido y decidió introducirme en los terrores nocturnos. “Cuando tuve el accidente y me quedé sin cuero cabelludo, fuimos todos al cementerio a buscar uno para trasplantarme. ¿Sabías que a los muertos las uñas y los pelos les crecen y perforan los cajones?”. Aferrada a mi gato Ulises, temía moverme un ápice. “Ah, también vi el cadáver de un gato cuyo ojo aún parpadeaba...”.
Mi mamá empezó a notar que algo no iba bien, cuando su impertérrita hija menor no quiso ir sola al baño por la noche. “¡Esas son macanas!”, gruñó impaciente al escuchar las “historias de Mela”. Pero nunca la regañó; es más, siguió cortándole la milanesa, “no sé usar el cuchillo, señora”, algo que no hacía ni por sus vástagos.
Nos distanciamos a los 11, cuando las niñas de mi época teníamos la gracia de dividirnos en sectores irreconciliables: cara lavada vs. maquillaje, guillerminas vs. chatitas, barbies vs. chico lindo que me gusta.
En la secundaria, solo nos cruzábamos en el colectivo. Yo crecía rozagante. Mela, flaquísima, las encías transparentes y el genio de la vida emigrado de su cuerpo. Por años solo supe de ella por un amigo de un amigo: “Está embarazada, se casó, tuvo un hijo”.
Hace poco, la crucé en la peatonal. Forcé el saludo: “¡Diamela!”. Contestó con una sonrisa ensayada, social, y ahí supe que esta vez, de veras, Mela había muerto.
(*) Publicado por el diario El Tribuno de Salta.
sábado 19 de noviembre de 2011
Redacción: tema mi pelo

Una vez en el colegio, la maestra nos dio una consigna: “Escriban sobre el último viaje que hicieron”. Pero añadió, angostando sus ojos de cíngara: “Todas menos Rojas. Rojas, redacción: tema mi pelo”.
Lloré la tarde entera. Mi orgullo de abanderada era vencido por mi falta de abstracción cuando mi papá se acercó y me contó: “Cuando tenía tu edad, naufragaba en mis tardes de hijo único y me decía: ‘Cuando me case, voy a tener cuatro hijas de pelo largo y ellas serán mis hermanas’”. Habrá sido su abrazo, habrá sido el horror del posible cero.
Sé que mi escrito era una torpe mezcla de cuestiones domésticas: “Lloro en el peluquero, me lo lavo con ayuda de mi mamá”, pero terminaba: “Tengo el pelo largo y lo usaré siempre así, porque así me soñó mi papá antes de conocerme”. Días después, la maestra me pasó la hoja con mi diez felicitado, me tomó la mano izquierda y, en un reflejo ancestral, me volvió la palma hacia arriba. “Rojas, usted será escritora, que no se le olvide”, susurró. Pronto la transfiguración pasó y volvió a ser la de siempre.
sábado 17 de septiembre de 2011
Crónicas milagrosas

Mientras medio millón de personas asistían a una nueva procesión del Milagro, salteños de todas las edades explicaban por qué no estaban presentes en la celebración católica por excelencia del norte argentino.
por Federico Anzardi (escrito para cuartopodersalta.com.ar)
Está de pie en la vereda, apoyada sobre un poste de luz que no ilumina, porque es de día y el sol todavía labura y fuerte; pero sí hace las veces de improvisada parada de bondi. Está en Zuviría, pasando Ameghino, a dos cuadras de la zona de la Balcarce. Se está comiendo una manzana acaramelada. Esa acción, ese gusto de la infancia que perdura, junto a los aparatos que aprietan sus dientes y su contextura física pequeña, hacen que parezca de catorce años. Hasta que habla. “No comparto la ideología de la Iglesia Católica”, responde formal, después de haber escuchado la pregunta clave de la tarde: “¿Por qué no estás en la procesión?”. Su voz y su forma de hablar remiten a una pequeña Tana Ferro de 19 años (su verdadera edad) en contra del dogma católico y que está ansiosa por irse a La Caldera en lugar de agitar uno de los miles de pañuelos blancos que se sacudieron en la tarde del 15 de septiembre.
La Tanita es sólo una de las tantas que estaban haciendo su vida mientras medio millón de personas le perseguía el rastro a dos imágenes religiosas, confirmando la tendencia retro de nuestra provincia. Ese conservadurismo que se encuentra ni siquiera a la vuelta de la esquina, porque existe en la puerta de al lado, o en la propia casa. Que aparece en todas las edades y estratos sociales. Que se manifiesta en la señora que aferra su cartera y suda su maquillaje entre tanto feligrés que se toma a pecho la festividad. También en el adolescente rollinga que baila con el rocanrol de Perro Ciego y que apura la birra todos los fines de semana. Como Leonel, de 17 años, que está sentado junto a Gabriel, de catorce (ahora sí), en un umbral de la desierta y casi desconocida zona de la Balca a las cinco de la tarde. “Yo no voy porque ya fui a misa. No es que no me interesa, ya fui a misa dos días”, asegura Leonel, y agrega que cree “en dios” y que rezó la Novena con su tío.
Lo último que se podría pensar después de ver su apariencia (remera con la lengua stone, muñequera de Perro Ciego, flequillo rollinga reglamentario y un poco pasado de moda a esta altura) es que Leonel defiende a la religión que le tocó, por la clara influencia que la cultura rock (gracias, Indio) ha tenido sobre él. Pero no. Se abraza a La Biblia, quizás siendo esclavo de la supuesta educación laica que imparte clases de Catequesis en las escuelas públicas con el mismo fervor que rechaza cartillas de educación sexual. Tal vez cumple a rajatabla el manual del fanático de rock conservador que no terminó de entender la cosa y cree que lo mejor es “no cambiar nunca” y no estar abierto a nuevas propuestas, que siempre dan miedo, por su incertidumbre. A Gabriel también se le nota ese miedo a contrariar el dictamen de los maestros, los padres, los abuelos y los tíos. Afirma que es católico y que está bien rezar y que dios está en todos lados, pero que no va a la procesión porque no le gusta estar rodeado de gente.
Algo parecido piensa Edmundo Lamas, de 63 años; histórico mozo del Bar Madrid, sentado a una cuadra de los pibes, tomando algo en solitario. Revelado como un gran creyente (“Yo pienso que dios existe, ¿de dónde salimos nosotros si no?”), afirma que es respetuoso de la opinión de todo el mundo, que cada uno se maneja de acuerdo a su criterio, pero que no va a la procesión ni a la iglesia “Yo fui una sola vez a la procesión del Milagro, cuando tenía seis años -cuenta-. Entré a la Catedral, la única vez, y no volví más. Pero… yo soy católico, creo en dios, soy muy creyente. No voy porque en la escritura sagrada dice bien clarito: ‘Cuando ores entra a tu aposento y cierra la puerta. Si nadie te escucha, mi padre, que está en el cielo te escuchará’. Eso es lo que yo hago, yo leo mucho La Biblia, escribo poesía. Ya escribí tres libros. Y le pido a dios, pero entro a mi dormitorio”.
El mini relevamiento realizado durante el momento de la procesión arrojó resultados que son contundentes y que se palpan casi inmediatamente: el porcentaje de no creyentes aumenta mucho entre los jóvenes de 19 y 30 años. Los más viejos tienen una escuela de castración, pudor, temas tabú y religión muy fuerte. Los más chicos todavía están a merced de sus mayores. Pero los adultos tempranos son los que marcan que quizás dentro de algunas décadas, la celebración del Milagro no sea tan invasiva como lo es ahora.
“Yo no creo en nada. No creo en mí, mirá si voy a creer en los demás”, escupe Mariana, de 25 años, parada en el patio de comidas del shopping, mientras espera a su abuela, que durante la infancia intentó marcarle el camino. “Creo que hay un dios –continúa- y que cada uno cree en lo que necesita creer. No creo en las imágenes, en la Iglesia, en los curas o en el Papa. Cuando era chica iba mucho a misa, pero porque mis abuelos me llevaban, no porque yo elegía ir. Iba porque había chicos con los que jugaba, me divertía”. Mariana se escapa de la ciudad durante los días de la Novena, prefiere recluirse en su casa de zona sur. “Para mí es un bajón -dice-, no salgo al centro porque está lleno de gente, no hago cosas. O por ahí tenés miedo de que te afanen la cartera, te afanen el teléfono o que pase algo. Pero cada uno que haga lo que quiera”.
El que no se banca la Novena, el Milagro y cree que la Iglesia Católica se está yendo por las ramas es Matías, de 27 años, quien desde su casa en el barrio San Remo asegura que no participa de la procesión por su ateísmo y explica el por qué. “Soy ateo porque me resulta estúpido creer en seres con súper poderes, y si existieran sería estúpido dedicarle la vida a seres con súper poderes. La procesión es la muestra más evidente de la falta de razonamiento de las personas: un grupo de personas caminando mientras rezan en grupo explica por qué el mundo es tan deficiente, tan incoherente. La gente que va a la procesión es la misma gente que apoya las teorías de que los cambios climáticos o desastres naturales son culpa de la acumulación de pecados mundiales. La gente que participa de la procesión es la misma gente que dice que ser gay es estar enfermo. Lo digo, no porque lo inventé, si no porque lo escuché y no lo podía creer”, afirma.
Matías es uno de los que está en contra de la ordenanza 9945, que prohíbe “durante los días seis (6) al quince (15) de septiembre de cada año los bailes, espectáculos públicos en confiterías, café concert, pub y afines, en el sector limitado por las Calles Caseros, Belgrano, Deán Funes y Balcarce inclusive”; justificándose en que “durante los días de la novena concurren a la Catedral Basílica gran cantidad de peregrinos a quienes es menester respetar su fe y devoción”.
El problema surge cuando el respeto hacia la fe y la devoción de algunos se termina olvidando de los intereses de los otros. Gracias a la ordenanza, se debieron suspender o reprogramar varios espectáculos que se tenían que realizar en el Teatro Provincial, como el de Los Nocheros con Los Tekis del 10 de septiembre o el del Sexteto Mayor, el 7. “No me parece que se corte con parte de la cultura por algo de la Iglesia. Los Nocheros en el Teatro Provincial no perjudicaban en nada al Milagro. Son decisiones absurdas”, dice Mariana, quien contrasta con la opinión de Leonel y Gabriel, quienes creen que el tiempo de la Novena “es para ir a rezar, para estar con dios ¿Para qué ir a un recital?”.
“Me parece correcta esa decisión, se merecen respeto. Más allá de que la Iglesia tenga sus cosas, prohibirlo me parece correcto”, dice Edmundo quien, obviamente, no opina igual que Matías, para quien la ordenanza es “básicamente, enorgullecerse de ser el insulto a la inteligencia humana”. “Sólo un país mediocre obliga a someterse a las personas por cuestiones religiosas -explica-, porque la práctica de alguna creencia religiosa es personal e individual. Obligar al pueblo es un capricho de seres repulsivos, y ser tan mediocre como para aceptarlo sólo hace que todos los que no estamos de acuerdo nos retorzamos como gusanos discriminados como en la misma inquisición”.
“Me parece totalmente una falta de respeto que le hayan hecho eso al Sexteto Mayor”, dice apuradísima la Tanita, sin tiempo para seguir contestando porque el colectivo acaba de frenar ante su brazo estirado. Se disculpa y se sube, alejándos cada vez más de la fidelidad católica. Porque al Cristo de La Caldera no le hacen tanta prensa.
viernes 24 de junio de 2011
AL MARGEN

Escrito por Juan Manuel.
Imagen: Alejandro Luna, para El camino de la mandrágora, sobre poemas de Fernanda Salas, Equus Pauper, 2008.
En las condiciones actuales de la literatura es poco probable que exista algo llamado el margen. Hay comunidades de escritores y lectores que de manera esporádica se confabulan para traficar libros hechos en sus casas, en muchas ocasiones sin fines de lucro y sin ánimos de competir por saber quién escribe mejor que tal o cual. Al menos eso es lo que permiten pensar las prácticas mismas: un autor llega de otra provincia, nos juntamos a leer o a charlar, intercambiamos libros, en fin, compartimos experiencias y luego cada uno sigue con lo suyo. También puede suceder que no existan publicaciones en papel y se trate de un blog al que de vez en cuando uno accede y deja (o no) un comentario: no es necesario convivir en el mismo espacio geográfico. Para este último caso no hace falta mencionar cómo se ha diluido la crítica literaria. En el fondo de la cuestión importa muy poco si alguien escribe bien o mal. El estándar estético, de todas formas, no puede interesarle a alguien que tiene a su disposición una multiplicidad de medios para dispersar sus textos. Lo que se lee es lo que circula (a mucha velocidad), de lo que circula queda muy poco, de lo poco cualquiera puede adueñarse (generalmente con un click) o dejarlo pasar (lo que sucede a menudo): hay poco tiempo para detenerse, ya está viniendo algo nuevo.
LA CARRERA DE LETRAS DE LA UNSa
Todos los autores mencionados en el artículo sobre Ya era anduvimos por la carrera de letras. Hasta ahora ninguno se ha recibido. No porque seamos malos estudiantes, aunque tampoco somos los típicos estudiantes de letras. Sin embargo no somos marginales. Recuerdo que en un encuentro en Jujuy los muchachos de la revista Intravenosa organizaron una charla en la facultad para hablar de lo mal que los trataba la crítica universitaria y nosotros disentimos: muchos de ellos eran o habían sido estudiantes de letras de la UNJu yrecibían legitimidad por parte de los docentes. En nuestro caso nunca ha surgido ese problema: la proximidad (ambiental y hasta ideológica en algunos casos) con docentes que investigan y elaboran estudios críticos sobre la literatura de Salta (Susana Rodríguez, Elisa Moyano y Raquel Guzmán) nos vuelve de cierta manera “canónicos” dentro de ese ámbito. En ningún sentido nos interesa la postura del margen porque parece equivocada: marginal es quien no tiene para pagarle a SAETA el boleto que lo llevará al centro a hacer cola durante horas y horas para cobrar un plan social (que no le alcanzará para llegar a fin de mes); marginal es Leonel Zapatero, un poeta desconocido y de enorme talento que padece una enfermedad mental que le impide participar de la vida social de manera “normal”; marginal es Luis Ferrario, quien tiene una profusa obra literaria casi en el anonimato. Ya era no es marginal, por el contrario es un movimiento de agitación cultural que elude esa palabra para sí porque sería una máscara de lo que no somos. Es más, ni siquiera somos los únicos en hacer ‘arte autogestionado’ en esta ciudad.
YA ERA
Ya era le debe todo a Chuky, la Delphine y el Cubano. Ellos, con sus viajes a cuestas, trajeron las ideas y los modos de acción a Salta. Sin su valiosa aparición no se hubieran realizado las publicaciones caseras que llevamos a cabo. Desde luego que no todo concluye en armar libros de cartón pintado. El movimiento significó en un principio la intervención crítica de sus autores en el seno de las discusiones del campo literario salteño. Pronto descubrimos que tales discusiones no existían. Otro principio fue el de disolver ciertos criterios tradicionales: la autoría como propiedad privada de la palabra; la sobrevaluación de la figura del escritor como productor exclusivo de “literatura”; el fetichismo del libro impreso; la relación ominosa entre los autores y los órganos administrativos del poder que los bendecían con las migas de su dominación; la práctica sacerdotal (en el sentido de palabra de experto, al estilo de la crítica universitaria o del escritor ‘consagrado’) como discurso de mediación entre el público y los libros.
Si bien esto puede sonar mucho a Foucault high fidelity, lo cierto es que era necesario diferenciarnos de los demás y hacer comunidad en otros espacios, bajo otras modalidades y valores: sobre todo la idea de compartir. Compartir la experiencia del libro como proceso de aprendizaje, compartir las andanzas por las calles de la ciudad, compartir las historias narradas oralmente por quienes recibían nuestros libros y compartir la posibilidad de dejar que sea el otro quien tome la palabra. Nuestra pretensión no fue alcanzar una “densidad” poética “de calidad” que permitiera a Sylvester cotejarla “con la de cualquier lugar del país”, era permitir que cualquiera que tuviera ganas de hacerlo escribiera y publicase: a) porque es barato y muy fácil (sobre todo en Salta, donde florecen los poetas); b) porque es mejor que todos puedan hablar y no solamente los que hablan bien. En este sentido buscamos la participación y no la exclusión de los ajenos al “mundo de los escritores” ni mucho menos la reclusión del escritor en nichos como la casa de la cooltura.
A OTRA COSA MARIPOSA
No quisiera concluir este pequeño artículo sin antes mencionar una última tendencia no del todo reseñada cuando se habla de la letra salteña: su evidente machismo. En el suplemento no se ha mencionado a ninguna mujer salvo a Sara San Martín y Geraldine Palavecino, como si las demás no escribieran. Por mi parte eché de menos a Fernanda Salas, quien ha publicado de manera autogestionada un libro de poemas llamado Síntesis del laberinto, en donde figuran unos versos terribles que dicen algo así como “qué difícil nacer en un mundo de penes”. Lo hago notar porque todos somos muy ‘penes’ a la hora de hablar de literatura y eso impide conectarnos con el tan mentado ‘otro’. Luego también nos haría bien leer a Belén Scigalszky, quien por ahora nos ronda desde inquietantes papeles fotocopiados entretejidos con dibujos (recuerdo uno de los bigotes de Nietzsche con piojos). Otro nombre que no quisiera dejar huir es el de Mili Carón, quien escribe en el blog fragmento-s un diccionario antietimológico que, en su entrada ‘Discurso’ propone: “discurso que interrumpe el curso, la dirección. Un discurso que co-rrompe la propia voz, la con-parte, la fragmenta, la desvía hacia un otro para discurrir. La invitación a ir hablando extraviados, en un discurso sin curso”.
En fin, responder significa abrir la boca, mostrar los dientes, sacar la lengua, emitir sonidos, invitar a continuar la palabra en otra boca. Nadie tiene la palabra.
lunes 11 de abril de 2011
Esa sed que nunca se acaba

ESTA NOTA SOBRE UN SEX SHOP SALTEÑO FUE PUBLICADA EN EL SEMANARIO CUARTO PODER
COPETE: Vibradores, prótesis, geles y sillones amorosos son algunos de los elementos que los salteños consumen en su intimidad, cuando el sexo llama y reclama distintas maneras de expresión. Esta crónica de una tarde lluviosa en uno de estos locales de la ciudad demuestra que Salta no es tan puritana como parece.
Federico Anzardi
La lluvia que cae sobre Salta en esta tarde de enero seguramente incitará a muchas parejas a encerrarse en sus habitaciones, sumergirse en sus camas y propinarse todo tipo de caricias. Quizás, alimenten el encuentro con un objeto. Quizás, ese objeto no sea la clásica película en el cable, sino un vibrador, un anillo para el pene o un dilatador anal. Quizás, también, lo compren en Cupido Sex Shop, el lugar donde voy a pasar algunas horas, intentando averiguar qué se esconde debajo de la moralina pacata que existe en nuestra ciudad; la misma que parecería estar completamente cubierta por el velo conservador de la Virgen del Milagro.
La primera sorpresa llega desde afuera: un cartel enorme sobresale entre las casas de la gente de clase media que convive en la zona, a unas diez cuadras del centro. Salta no es Ámsterdam, y cada demostración de apertura mental y falta de prejuicios llama la atención. Mientras pienso esto, toco el timbre y espero.
Me abre la puerta una mujer grande, de unos cuarenta y pico de años, o incluso más, vestida con un jogging fucsia, remera roja y guantes de goma naranjas. La llamativa señora atiende a los pocos segundos de haber oído mi llamado y, luego de cerrar tras mi entrada, continúa con su tarea de limpieza.
Una vez adentro, el imaginario colectivo acierta y confirma la teoría: lo primero que se ve en este tipo de comercios es una interminable colección de pijas artificiales colgando de las paredes. Claro que el inconsciente general peca de falta de imaginación y se olvida de las demás cosas. En este local de dos salas (y en todos los sex shops del mundo) también hay anillos, lencería, prótesis, chascos y hasta un “sillón del amor”, que cuesta dos mil quinientos pesos. “Ya está vendido”, me dirá más tarde Daniel Díaz, quien junto a su padre, Coco, maneja Cupido desde hace siete años.
El “sillón del amor” se destaca en el local por su gran tamaño y es el sueño de toda estrella amateur del porno casero, con ganas de zarparse a full. Viene con tres tipos de vibradores diferentes para colocar mientras se practica cualquiera de las posiciones para las que está fabricado: anal, vaginal y doble penetración. Además, el producto brinda lubricantes, aceites, velas para jugar con cera caliente, plumas y un movimiento de penetración y otro de vibración general.
A pesar de que el vibrador fue el sexto artefacto de uso casero en ser electrificado (antes que la plancha, por ejemplo), muchas personas poseen un gran desconocimiento respecto a la cantidad de elementos que se venden en los sex shops (“¡son puros consoladores!”) y grandes prejuicios sobre la gente que consume sus productos. Quizás, la explicación esté en que la difusión del rubro no es masiva y, fundamentalmente, en que la educación sexual a la que nos someten nos obliga a pensar que todo aquel que se sale de los parámetros establecidos es un ser siniestro, capaz de abusar de nuestros hijos ante el menor descuido. Es curioso: los argentinos pueden dejar que sus hijos consuman una imagen machista como la de gatos ignorantes bailando en pelotas por un sueño, pero, llegado el momento, no se toman el tiempo de explicar que la sexualidad en el mundo es amplia y diversa y llega a sentarse en, por ejemplo, el “sillón del amor”.
Cuando me recibe, Daniel me saluda sólo con la vista. Está hablando por teléfono con un posible cliente de Orán, interesado en prótesis peneanas. Daniel le da los datos y le dice que necesita conocer el diámetro de su pene para poder enviarle el modelo adecuado. El hombre promete volver a llamar.
“Primero, comenzamos en el centro de la ciudad. La gente nos decía: ‘Es lindo el lugar, pero están en la boca del lobo’. Entonces nos alejamos para la privacidad de nuestros clientes”, me cuenta Daniel, un tipo joven que asegura haber probado todos los productos de su local, excepto los vibradores. “Disfruto mucho de los geles”, acota. Un buen vendedor es aquel que conoce lo que vende.
Con siete años de experiencia en el rubro, Daniel afirma que el ambiente se fue modificando, mejorando, y que continúa por ese camino. “Al principio había un poco de tensión por ‘el qué dirán’ –recuerda-, pero eso se fue ablandando un poco. Hoy en día no hay mucha cosa tosca. Lo más difícil para nuestros clientes nuevos es tocar la puerta. Una vez que entraron hay mucha confianza, nosotros les ofrecemos privacidad. Si un cliente nos pide estar solo, pasa a la otra sala. Nadie queda afuera”.
Suena el teléfono. Una mujer quiere anillos para el pene. Después de una breve explicación acerca del efecto de ese tipo de productos, Daniel promete enviárselos “ya mismo” con un cadete hasta la peluquería donde se encuentra.
“Queremos que nuestro negocio salga del tabú –me cuenta-. La gente cree que en un sex shop vendemos solamente vibradores, pero hay muchas otras cosas: lencería, geles, cremas para masajes, feromonas, juguetes específicos, como estimuladores clitorales, dilatadores anales, de todo. Hay gente que los usa para ampliar sus límites dentro del ámbito sexual y otros que los usan como una necesidad”.
Timbre. Entra un tipo joven, de veintipico, musculoso. Quiere un energizante natural. No hay. “Volaron”, le dice Daniel, que habla de sexo con la naturalidad del tipo que lidia a cada momento con el tema. A pesar de recibir tantas consultas, los Díaz son simples vendedores. No son sexólogos, por lo que no pueden dar diagnósticos u ofrecer productos disponibles bajo receta. “Viagra no puedo vender”, especifica.
“No somos sexólogos ni tampoco urólogos, pero sí aconsejo (a los clientes) más o menos en base a lo que me cuentan”, asegura Daniel. Luego tira un par de datos: los heterosexuales lideran el podio del buen comprador, continúan las lesbianas, después los gays y, por último, aparecen las travestis. Finalmente, me cuenta que el cincuenta por ciento de sus clientes busca autosatisfacerse, mientras que la otra mitad intenta gozar en pareja.
El musculoso se decide y se lleva un energizante femenino con la advertencia de que lo aplique “en el juego previo” y lo deje actuar “de cinco a siete minutos”.
Teléfono. Orán ataca de nuevo. Da las medidas, sus datos, pregunta el precio y confirma la compra. “Mañana por la mañana, tenés el pedido”, le promete Daniel. La prótesis viajará en una caja que sólo contendrá los nombres de los involucrados en la transacción y no dará indicios sobre su contenido. “La encomienda no lleva ningún rótulo ni publicidad en su exterior porque eso es parte del trabajo que se realiza para preservar la intimidad del cliente. Dentro de la caja sí, hay folletos y publicidad del local”, explica.
Suena el teléfono nuevamente. Por la forma de hablar de Daniel, se trata de un cliente regular. El hombre pregunta por anillos media funda, que sirven para incrementar y prolongar la erección. Además, suma a su virtual carrito del goce dos cajas de preservativos retardantes, para no acabar tan rápido, y el llamado “anillo del amor”, que también combate la eyaculación precoz. En total, gasta ciento treinta pesos.
“Tengo clientes muy fieles. Compran siempre y varían los productos”, afirma Daniel, y agrega que el balance entre lo que llevan los hombres y lo que buscan las mujeres es “equilibrado”. “El hombre busca vigorizantes y retardantes; mientras que la mujer puede buscar vibradores, lencería o geles. Si fuman, llevan mucho gel. Algunas chicas de veinte años no tienen lubricación. El cigarrillo hace que la pierdan e incrementa la falta de deseo”.
Se abre la puerta de golpe. Es uno de los cadetes que envío la mensajería que trabaja habitualmente con los Díaz. El pibe fue tantas veces al local que ni siquiera toca timbre. Está absolutamente mojado por la lluvia, que ese día inundó la ciudad. Daniel le pide que espere mientras prepara todo: la caja para Orán (hasta la terminal), el pedido de la peluquera y los del cliente regular con intensos problemas de aguante.
Los pedidos con destino al interior se envían por giro radial, que es lo contrario al contra reembolso. El cliente recibirá el producto solamente si realizó el pago con antelación. “Pasó muchas veces que enviamos paquetes contra reembolso, no los retiraban y teníamos que abonar nosotros. Llegó un momento en que pagamos el precio de quince bultos, entonces mi viejo decidió empezar con este sistema. Hace más de cinco años que trabajamos con esto y funciona perfecto. De cincuenta personas que piden, tres pueden llegar a dudar del giro radial”, cuenta.
Daniel pone todos los productos para el cliente regular en una bolsa negra, opaca, sin ningún rótulo y la abrocha. Una más pequeña cubrirá el anillo que pidió la mujer. Luego guarda cada una de las bolsas negras en otras más lindas pero no por eso menos discretas. También guarda la prótesis que viajará al interior. Efectivamente, la caja es absolutamente ordinaria. Si uno no sabe qué es lo que hay adentro, jamás podría adivinarlo. Podrían ser batatas en almíbar, un traje de Bob Esponja o una colección de diccionarios Espasa Calpe.
Llega un hombre, debe andar por los sesenta años. Una vez adentro, se sacude las gotas de lluvia y comenta, como al pasar: “Lindo día para salir a buscar juguetes… ¿no?”. Mientras el cadete espera y Daniel continúa preparando los envíos, el viejo recorre el lugar.
En el medio, alguien llama y pregunta por vibradores. Daniel explica que los hay macizos sin vibración, que van desde los sesenta a los cien pesos, y los macizos con vibración que cuestan entre cien y doscientos cincuenta. Además, le pregunta qué tamaño está buscando. El cliente responde que necesita uno “normal”. Daniel sonríe y asegura que lo normal para uno puede ser anormal para otros, y solicita datos precisos. El hombre, finalmente, se decide por uno de catorce centímetros que será enviado junto con los tres pedidos anteriores.
El cadete será el encargado de cobrar el producto a los clientes de la ciudad y le sumará el costo del viaje al precio final, pero ignorará todo el tiempo el contenido de la entrega. “Andá a zona sur con esto, después a esta dirección y recién después dejá eso en la terminal”, le ordena Daniel. El pibe se sumerge en la lluvia con todos los pedidos y desaparece, convertido en un verdadero “delivery del placer”.
Más allá de los avances del negocio en nuestra ciudad y de que muchos salteños se animan a buscar una prótesis con la misma naturalidad con la que piden dos kilos de naranjas, otros no están muy convencidos de arriesgarse a que alguien los vea tocando el timbre de un sex shop. Para ellos, existe la solución: las reuniones de Tupper Sex. “Eso algo nuevo”, comenta Daniel, mientras explica en qué consiste la idea: “Se hace una reunión de amigos o amigas en alguna casa y voy yo como asesor de ventas con un maletín. Llevo productos para todo tipo de clientes”.
A pesar de que en cierto sentido es lo mismo que estar en el local (gente que analiza los pros y los contras de ciertos juguetes sexuales delante de otras personas), la reunión es más relajada al ser todos amigos. “Se ven las caras entre ellos pero es otro ambiente, ya que están todos de acuerdo en estar ahí. Siempre la pasamos muy bien”, argumenta Daniel y ese “muy bien” me hace dudar acerca de si esas reuniones consisten solamente en la muestra del producto o también en su uso.
Mi anfitrión me indica que los clientes, sea donde sea, preguntan mucho, hasta sacarse todas las dudas. “Para eso estamos –justifica-. Si yo brindo confianza, mis clientes van al grano. Por ahí, por vergüenza, vienen y preguntan por un gel cuando en realidad buscan retardar la eyaculación. Si yo no doy la confianza para que me pidan, por ahí se llevan algo que no quieren”.
Daniel encara al cliente sesentón, le pregunta qué necesita. “Ando buscando ayuda, porque ya no me da el cuero solo”, reconoce el viejo, sin vueltas. Daniel le ofrece distintos tipos de productos, desde vibradores hasta prótesis que pueden ser usadas sin tener el pene erecto. El hombre se decide por un pedazo macizo tremendo y suelta una frase inolvidable en referencia a su pareja: “Espero que no se cope mucho”.
Muchas personas que padecen alguna disfunción acuden al sex shop y reemplazan su dotes naturales ya obsoletos (o en problemas) con soluciones artificiales, pero la mayoría especula con el tamaño de lo que compra. Incluso lo hacen los que no tienen ninguna anomalía y solamente buscan incrementar el placer. El motivo se encuentra en un pensamiento muy recurrente: la idea de que un aparato artificial de mayor tamaño al propio pueda hacer gozar a la pareja aún más de lo habitual lleva inmediatamente a razonar que uno será dejado de lado. Daniel lo expres directamente: “Mayormente (los clientes) llevan tamaños de catorce o quince centímetros, porque no quieren que sus parejas se mal acostumbren”.
Una vez con su compra en la mano, el viejo se detiene a observar un pene gigantesco, del tamaño de un antebrazo y que cuesta doscientos cincuenta pesos. El tipo pregunta si la gente lo compra y Daniel le responde que sí, que no en grandes cantidades, pero que efectivamente, esa poronga descomunal es buscada por más de un cliente. “Es que hoy está de moda el fisting”, explica Díaz. El fisting consiste en hacer penetrar la mano en la vagina o en el ano, y en casos más extremos, introducir todo el brazo en el ano.
“Yo me acuerdo de una película sobre Calígula en la que mostraban que les metían el puño a los tipos”, cuenta el hombre, quien parece conocer del tema desde hace bastante tiempo. Finalmente, saluda y se va puteando a la lluvia.
Mientras continúa atendiendo llamados y consultas personales, Daniel me anticipa que a mediados de febrero Cupido inaugurará cabinas XXX, donde sus clientes podrán disfrutar de más de trescientas películas porno en un ambiente especialmente acondicionado. Le pregunto si cree que va a funcionar un negocio de ese estilo en Salta y responde con mucha seguridad que sí. “Hicimos un estudio de mercado –cuenta-. Vamos a dejar de ser un sex shop para convertirnos en un multiespacio erótico. Serán boxes individuales acústicos. Va a haber un televisor pantalla plana en cada uno y sillas cómodas para ver las películas. Además, vamos a tener un snack bar para que los clientes acompañen la película con una cerveza o una medida de whisky. Va a ser el primero de la ciudad”.
Daniel me da un ejemplo para que encuentre una razón interesante a la utilización de las cabinas y para que no piense directamente en una horda de pajeros sin una buena banda ancha como los únicos clientes posibles de ese emprendimiento: “Muchas veces pasa que personas mayores, que tienen los chicos grandes, se compraron una película condicionada y están esperando que sus hijos se duerman para verla, pero los chicos por ahí se quedan hasta las dos o tres de la mañana despiertos y la pareja se cansa y se va a dormir. Entonces vienen y la ven acá. Incluso vamos a poner un día de trasnoche”. No logra convencerme, pero le digo que es una buena apuesta.
Con o sin éxito, la instalación en nuestra ciudad de este tipo de servicios implica que los salteños buscan, gustan y necesitan una sexualidad sin tapujos. Daniel lo confirma categóricamente: “Hoy somos parte de la cultura salteña. Estamos inmersos en la sociedad”. Y atiende nuevamente el teléfono, que no para de sonar.
jueves 31 de marzo de 2011
TALLER LITERARIO DE AUTOEDICIÓN

Lectura de autores contemporáneos/coetáneos americanos.
Nociones básicas de estilo en relación con las lecturas.
Interpretación crítica de textos propios y ajenos.
Autopublicación
En distintos medios de difusión (gráficos, digitales y performativos)
Contenidos:
Americanos del norte: Carver/Lish, Bukowski, Foster Wallace, Palahniuk, Hunter Thompson, Pynchon, Amy Hempel.
Latinos: Pedro Juan Gutiérrez, Bolaño, Mario Bellatín, Víctor Hugo Viscarra, Efraín Medina Reyes, Israel Centeno, Julio Barriga, Gustavo Escanlar, Mario Levrero.
De acá: Sergio Bizzio, Rubén Mira, Ramón Paz, Salfina, Fogwill, Cicco.
los próximos: Federico Falco, Pablo Natale, Luciano Lamberti, Marcelo Ahumada, Daniel Medina, Pancho Rodríguez, Pepe González, Chuky, Alejandro Luna, Meliza Ortiz, Federico Leguizamón, Cecilio Pastrami, Varas Mora.
Destinatarios: Público en general.
Duración: Tres meses (Abril - Junio)
Lugar: Sala de Conferencias de la Biblioteca de la Provincia. Sarmiento y Belgrano
Inicio: Viernes 8 de Abril a hs. 10
Arancel: $ 50 mensual
Contactos: Juan Manuel Díaz Pas cronopisimo62@yahoo.com.ar
Rodrigo España rodrigoe@mail.com
martes 29 de marzo de 2011
Extra, Extra!!

Ya está disponible el segundo tomo de la novela de Rodrigo España. Hete aquí las dos tapas con las que ya anda circulando el libro.
lunes 7 de febrero de 2011
martes 21 de diciembre de 2010
martes 30 de noviembre de 2010
Bolufrases:
viernes 26 de noviembre de 2010
CONJETURA (*)
"la inspiración necesita enfermedad, heridas y locura", Chuck Palaniuk.
Desde luego una infame patraña es la mía, una entre tantas, ¿acaso no ha leído el epígrafe de perlongher? No me escudo en ningún sacrificio por publicar, publico nomás y lo pongo a circular sin esperar que alguien en particular lo vaya a leer. La cuestión de la disputa madre ya es otra cosa: no soy el único que lo dice y poca importancia tiene ahora que sea yo uno de entre tantos. Todos somos una circunstancia, un evento, pasajeros en el magma de los discursos. La polémica es que no puedo estacionar mi bici en la casa de la cultura y que ahora, encima, tampoco me dejan usar el baño y eso que me vi todos los cuadro y ademàs me gustaron. Desde luego Morandini no tiene la culpa ni tampoco el señor de la seguridad, quien de esa manera se gana la vida, diría que la responsabilidad (no sé si la culpa) recae en mariano ovejero, secretario de turismo de la provincia. El mío es el esfuerzo de un cualquiera por señalar otras maneras de hacerse cargo de la literatura, pero mi manera no es la única ni la más legítima, que cada quien haga con ella lo que quiera, pero no me vengan a decir que SOLO en la casa de la cultura viven el arte y las letras. En la superficie estoy contento con usted (únicamente tuteo a mis amigos entrañables), creo que todos existimos para ser respondidos, es un principio de insuficiencia elemental sin el cual nunca saldríamos de nuestra casa, pero no me interesa su respuesta por lo que dice como por el gesto mismo de presentarse para ayudarme a pensar. Digamos claramente que no es posible hablar sino “contra”, “después” de que alguien ha proferido su palabra: uno (no yo ni usted, uno) retoma el discurso allí donde el otro había señalado su interrupción para hacerse con la palabra y decir lo suyo, con su propia voz, motivo por el cual nunca puede haber acuerdo salvo como simulacro, salvo como malentendido. Luego respecto a lo que soy, pues al parecer usted maneja información que desconozco, no es aparecer mencionado lo que me interesa, es llegar al otro, quien quiera que sea: la cuestión es que mis textos circulan muchas veces en ámbitos como la universidad, los blogs donde se reúne la gente ingenua, los mails vomitivos dirigidos contra los despiertos del gueto literario salteño: si usted se hace cargo de retomar el turno después de que yo he hablado eso ya no me puede concernir más que como escucha, usted es, por su parte, una posible encarnación del otro, claro que tuvo la ocurrencia de hacerlo público, a diferencia de muchos otros a quienes no les interesa opinar y decir cómo debo hablar y ser. Después “literatura salteña”: es decir ¿qué?, ¿a estas altura todavía andamos con eso?, creo que hay literatura, descreo de sus límites geográficos, generacionales, temporales. Los limitados somos nosotros, no nuestras palabras y la verdad es que ellas pueden decir lo que se les ocurra, hasta desmentirme a mí, que, repito, no soy más que un evento en el discurso, como usted, como cualquiera, ¿o qué, un poeta es diferente de un albañil, de un cura, de un destapador de cloacas, de un verdulero, de una peluquera, de un chino, de un rey de la edad media, de un lustrabotas, de un lamebotas, de un asesino, de una prostituta, de un agente de la cia, de un monotributista, de un anarquista, de otro poeta, de un aparato de radio, de un mocasín, de un chorro de tinta derramado sin querer encima de una camisa de seda, de una empanada (uy, perdón, retiro lo de la empanada), de un cacho de estiércol? A lo mejor sigo en la ingenuidad y en vez de poetas veo personas que hablan y sostienen discursos que jamás desacuerdan con la ideología del poder, que consideran que la palabra les pertenece de manera exclusiva. Pues no, apenas si el decir de un poeta alcanza para rellenar el pedazo de atmósfera que él ocupa, que él mismo es. Continuo: ¿robar?, pero pensé que había quedado claro que la palabra le pertenecía a cualquiera, que cuando uno (ni yo ni usted) la arroja deja de pertenecerle, ¿no hemos llamado a eso donación?, ¿no hemos pensado que el poder del lector descansa en que él, justo él a quien le había sido dada la palabra, puede hacer con ella lo que le plazca? Llamé a esto interpretación aberrante sin otro motivo más que la sugerencia de paul de man, quien la condena, y de umberto eco, que también lo hace. En fin, tampoco sé muy bien a qué se refiere con las ideas que robo y no oculto, si a los poemas citados, si a las citas de ensayistas o a qué. Ahora lo de la pluma me hace pensar en pavos, gansos, gallinas, cuervos, en condorito y en coné. Le agradezco la siguiente idea: a partir de ahora me referiré a los escritores salteños (¿usted es uno de ellos?) como los plumíferos. Bueno, pero es que usted me dio la idea. Sería un dato interesante que podríamos relevar a fin de descubrir cómo escribe cada uno: ¿usted todavía usa pluma?, yo solo si me disfrazara de indio de película. Lo del vómito, en cambio, me tiene sin cuidado, ¿por qué no habría de tener la jeta llena de ácido como la de un alien?, puedo ser suave y amoroso, pero no con todos, vamos, a usted le pasa lo mismo, ¿qué no? Ignoro cuánto pagan los romero, habría que preguntarle a Fernanda abad o a lucho andolfi, aunque no creo que me llamen. A menos que sea para aparecer en la sección policiales no se me ocurre qué podría hacer en el tribuno, bueno, ir a hincha pelotas. El tema Alicia poderti: todo lo que sé de ella es que en salta su nombre circula en el ámbito del chisme. Sigamos, ¿qué quiere decir usted con esto? (permítame citarlo/a): “Miente, miente, que algo queda a tu favor; destrozá todo lo débil a tu alrededor así sentís el vértigo que da el crear un mundo para ignorantes más desesperados que vos”: qué es lo débil a mi alrededor, y ahora te voy a tutear porque al final me caíste bien: no ves que no soy yo, de nuevo no soy yo el que importa, yo soy cualquiera, todo el tiempo, a nadie más que a la gente del gueto le interesa mi conversación, pero si voy al mercado, si voy al bajo, si voy a la facultad de ciencias de la salud, si voy a la ruta 51, si voy a andar en bici, deja de interesar lo que yo haga, lo que vos hagás, y comienza a ganar forma la idea de que acaso no somos tan distintos, que lo importante no era cuántos poemas me salen por semana, en dónde publico, con quién me junto, de quién hablo, sino que lo importante era, YA ERA desde antes de comenzar a escribir, la posibilidad de pensar en la formación de vínculos solidarios con los otros. Lo que importa, a pesar de mis palabras, de mis exageraciones, de mis contradicciones, era si podía encontrar en el otro a un compañero, y no, no lo encuentro en el gueto de los plumíferos, donde reina la mezquindad y el egocentrismo, la soberbia y la certificación de linajes obsoletos, la promoción de filiaciones absurdas, que nada dicen de la poesía porque ella, si se escribe, no se reduce a un auditorio de aplaudidores, de sobadores de espaldas, porque el mundo en donde la palabra anda de pie queda de la vereda para afuera, en donde no se discute el gusto literario sino el sentido de la vida, ¿cómo hemos de sostener con nuestra vida aquello vivido y comprendido en el arte para que lo vivido y comprendido en el arte no permanezca sin acción en la vida? Perdón, he citado a Bajtín, lo podés buscar en estética de la creación verbal bajo el título de arte y responsabilidad. Estoy seguro, para continuar, que muchos poetas en la tierra de poetas suponen que hablar de solidaridad significa hablar de caridad. Por el contrario, pienso que no tengo motivos para subestimar al otro imprimiéndole marcas fascistas como ignorante y desesperado. Retomo el usted porque ya me empezó a caer mal: ¿usted dónde vive?, ¿en un nimbo de flatulencias? (jeje, bueno,che). El otro no necesita de mí ni de mi palabra, de mi puesía, el otro acaso necesita mis oídos, pero esa es mi conjetura y, puesto que no soy más que un poetudo, es lo único que sé hacer: conjeturar.
el juan
elindiegente.blogspot.com
miércoles 24 de noviembre de 2010
Juegos Florales ideas marchitas

por Idangel Betancourt (*)
Criticar a los Juegos Florales, concurso de poesía convocado por la Secretaría de Cultura de la Provincia, puede parecer a primera vista un despropósito. Sobre todo, cuando ya se conocen los ganadores que el miércoles 24 de noviembre recibirán con orgullo lógico sus premios en el auditorio Walter Adet de la Biblioteca Provincial.
Pero el resurgimiento abrupto de este concurso, es síntoma de prácticas culturales que responden a paradigmas conservadores y a la falta de un programa de desarrollo del arte y la cultura. Hablando en criollo, una actividad cultural que se lleva a los ponchazos, donde predomina un pensamiento acrítico, y pretende legitimarse rescatando el pasado, o simplemente retornar a las prácticas pueblerinas que tanta tranquilidad da a los espíritus tradicionalistas.
Pero esa Salta de antaño ya no existe, es una ficción que constantemente se construye desde el espacio oficial de dos modos: hacia fuera para vender al turista una imagen de costumbrismo, y hacia adentro para mantener los órdenes de casta preestablecidos, es decir, somos así porque siempre hemos sido así, ¿para qué cambiar…?
Paradigmas obsoletos
Los Juegos Florales aparecen en este panorama como un “ataque de nostalgia”, un capricho que no se justifica ni en la necesidad de los escritores de hoy, ni en el imperativo de un requerimiento literario. El carácter de su convocatoria encierra dos injusticias hacia los escritores salteños, por un lado limita la participación a un tema: “Canto a Septiembre en Salta, en el año del Bicentenario de la Patria”, requisito circunstancial que responde más a un concurso de promoción o responsabilidad social de una empresa o institución que al ámbito literario.
La otra injusticia es que estos autores circunstanciales que participan en los Juegos Florales, reciban una remuneración que no recibe ninguno de los escritores ganadores de los premios de estímulo a la creación artística. No se critica aquí el hecho de que los ganadores de los Juegos Florales reciban tres mil pesos o una netbook; se critica que el principal premio literario de la provincia en los distintos géneros, no remunere a sus ganadores, quienes muchas veces son autores de reconocida trayectoria.
Es al menos un sinsentido, dar mayor jerarquía económica a un concurso como los Juegos Florales que fue una instancia previa a los premios de estímulos a la creación, convocatoria esta última que plantea la Provincia como su contribución más importante a la literatura local. Ahora, ¿en qué consiste esta contribución?
Contrariamente a lo que ocurre en los demás premios de estímulos, como el de pintura, fotografía, etc., es la única convocatoria que no prevé remuneración monetaria. El premio consiste en la publicación de la obra ganadora, sobre la cual el autor no percibe derechos ninguno. Los libros publicados por la Secretaría de Cultura carecen de distribución y los autores terminan almacenándolos en su casa, regalándolos a colegas o, los más ingenuos, conformándose con la distinción que le permitirá tal vez en su vejez ser merecedor del exiguo estipendio al mérito artístico, o lograr inaugurar en vida una biblioteca popular con su nombre. Si en fin, todo lo que se puede aspirar en esta Salta es a una promoción de egos.
Particularmente, la edición 2010 de los concursos literarios de la Secretaría, tuvo un hecho poco cuidadoso en la conformación del jurado. De ninguna manera objetamos la capacidad y calidad del jurado integrado por Eduardo Rosenzvaig, Alberto Tasso, Susana Aguiar, Elisa Moyano y Juan Ahuerma Salazar. Lo inadecuado del hecho, es que estos cinco escritores tuvieron que expedirse sobre todos los géneros convocados: cuento, poesía, novela y teatro. Otra vez primó en esta economía el carácter instrumentalista de la actual gestión: para qué gastar en jurados para cada género, si estos cinco pueden trabajar el doble. Resulta que la percepción que tiene una persona sobre distintos géneros no es la misma y que no todos los escritores o críticos están capacitados para juzgar algunos géneros.
El teatro es un ejemplo de esto, un arte con reglas y características muy específicas, no muy frecuentado por escritores y críticos literarios. Es por eso que la mayoría del jurado se declaró incompetente para juzgar la obra que finalmente ganó. El hecho no desmerece ni al jurado ni a la calidad de las obras ganadoras, pero sí limita la diversidad de criterio, y un aspecto no menos importante, la posibilidad de dar fuentes de trabajo a los escritores, ya que un jurado que debió estar integrado mínimamente por tres miembros por género, esto daría un número de 12 especialistas, se redujo a la cifra de cinco.
Una legislación necesaria
Todo esto justifica la crítica a los llamados Juegos Florales, no para promover su desaparición, sino para repensarlo como una instancia más como aporte a un circuito literario que es una deuda urgente para los escritores salteños. Pues, como pasa en todas las áreas artísticas, no existe una política de la literatura y el libro que contemple edición, distribución, promoción de la lectura y de los autores salteños. Salta no se ha podido recuperar del fracaso administrativo que significó la Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños, desaparecida hace unos 15 años.
Actualmente, la Unión Salteña de Escritores (USDE), está llevando negociaciones con el secretario de Cultura, Mariano Ovejero, para crear un Fondo Editorial de Autores Salteños. Ovejero ha prometido incluir este proyecto en el pedido del presupuesto de 2011, un año de elecciones en el que podrían obtenerse varias prebendas, según crean los políticos lo que es conveniente para sus campañas.
La noticia igualmente es alentadora, pero está lejos de dar una solución propicia. Hace poco Edwin Harvey dictó un seminario en Salta, invitado por Cultura, sobre políticas públicas culturales; allí explicó los inconvenientes resultantes de depender de un monto dentro del presupuesto anual para sustentar proyectos a largos plazos, ya que los presupuestos son sensibles a eventuales crisis, a cambios en el Ejecutivo, etc. Mientras todo aquel proyecto cultural que es legislado incluyendo la asignación de recursos económicos, tiene posibilidades concretas de sostenerse más allá de las circunstancias políticas y de protagonistas individuales.
Salta es una de las pocas provincias del país que carece, no solo de una legislación sobre el libro, sino que no cuenta con legislación cultural; es así que toda la política cultural está expuesta a los criterios de los ministros y secretarios de turno, condenada a operaciones políticas personalistas, a expensas de lo que cada Ejecutivo entienda para qué sirve esa área.
Artistas funcionales
De algún modo los trabajadores de la cultura de todas las áreas se han acomodado a estas condiciones, otorgando un carácter natural al despotismo de los funcionarios, los favoritismos y las malas condiciones de contratación o pago de las actividades que se realizan en convenio con la Secretaría de Cultura. De este modo la ausencia de un programa cultural, la falta de legislaciones que respalden la labor de artistas y gestores, está sustentada por las prácticas pocas claras – de orden conceptual y ético- en las que también incurren los trabajadores de la cultura al igual que los funcionarios.
Para romper con esta retroalimentación entre goce de poder del funcionario y goce de ego de los artistas, es necesario un cambio de paradigma sobre los conceptos de arte y cultura en Salta. Todo lo que se haga dentro de las actuales condiciones que responden a mitos sociales legitimados desde una clase política y social históricamente hegemónica, está condenado al fracaso.
En el caso específico de la literatura, es necesario romper con ese mito sobre el escritor bohemio que regala su libro y que se conforma con una botella de vino salteño, que escribe por y para las musas y que no necesita dinero. El escritor come y caga como el general que hace su guerra y el político que construye poder. Pero hacer un libro no es ninguna de estas dos cosas y a la vez es esas cosas y todas las cosas.
Precisamente por representar un nuevo paradigma emergente dentro del mapa cultural salteño, dejo las últimas palabras en la voz del joven escritor Juan Manuel Díaz Pas, miembro de uno de los pocos movimientos vitales que tiene el arte Salteño: Ya Era. Un grupo que puede ser contradictorio, pero en él se está escribiendo lo más atendible de la poesía actual en Salta, con nombres como Alejandro Luna, Varas Mora, entre otros. Una poesía social "posutópica" que se emplaza en una urbanidad urgente, y enuncia desde ese espacio. En uno de sus correlatos críticos, polemizando con Alejandro Morandini, relata Pas:
“Eran tiempos de miseria material e intelectual en la casa donde vive la cultura, Caseros 460, por si no lo encuentran en el Google map. ¿De qué manera los poetas y funcionarios de la poesía, encantados en digitar el sistema de sucesión literaria, “objetivaban la realidad de su tierra”? Si leemos el poema 27 de Crack vemos que la voz generada desde ese lugar extraño a la percepción oficial impugna la validez del discurso hegemónico:
¿qué poesía ? que el choto me chupe la poesía
he leído y escrito palabras sin carne ni lengua
ahora ya fue o va a ser
y la poesía: antiguo espiral de muertos en la boca”
Nada más lejos del bucólico “Canto a Septiembre en Salta, en el año del Bicentenario de la Patria”. Pero sí cerca de esa otra patria que existe en Salta: la diversa y vital.
(*) Publicado por Calchaquimix. Enviado a través de Email, por Susana Rodríguez.
viernes 12 de noviembre de 2010
CACHIFERIA II

el retorno del Linyera
LUGAR: Deán Funes 2348, teléfono consulta 4399066.
Romina, o Paola o Karo, Rambusky
A fin de recaudar fondos para la compra de una impresora
lanzamiento de talleres de reciclado, artesanías, escuelita de
malabares y plan de huerta infantil.
•
17 Hs : Apertura de la muestra de arte visuales
RECICLADO
ESCULTURAS DIBUJOS ARTESANIAS
18 Hs: Presentación de la Novela por partes: “Los
hombres verdaderos no matan coyotes” de Rodrigo
España.
• Recital poético.
Juan Manuel Díaz Paz, Pulmón poético YA ERA.
Jesús Ferreyra, Pan del consuelo.
José González, Crack
Alejandro Luna, Equus pauper.
Fernanda Salas, Mandrágora.
Carlos Varas Moras, Wander full life.
• 19 Hs: Disertación literaria. Temas: Hecho poético
Acto poético
Sujeto poético
•
De 17 a 21 hs.
•
19:30 Hs: Espectáculos en vivo
Esténcil, mural colectivo, show de malabares,
Recital reggae: “Bomboclath death”.
COMIDAS:
Empanadas, Ensalada de frutas, Jugo loco…
FOTOGRAFIAS
CUADROS
YA ERA.
PRODUCTORA ALTERNATIVA
E IDEAS DE TRABAJO NO FORMAL.
¡TE HAS COMPROMETIDO EN CONTRA DEL
HAMBRE!
martes 9 de noviembre de 2010
Profetas del odio

COPETE: El día que murió el ex presidente Néstor Kirchner, el titular de la Asociación Gauchos de Güemes hizo circular un mail con un poema en el que festejaba el hecho. En el texto además traza un símil entre un piquetero y un animal que debe ser enjaulado. La oligarquía salteña y vieja tradición de celebrar la muerte.
Daniel Medina (*)
No tienen ningún talento. No hay nada que sepan hacer bien. Salvo odiar. En eso, incluso los integrantes de la oligarquía salteña son coherentes: odiaron ayer, odian hoy, lo seguirán haciendo mañana. A veces, ese odio está escondido, soterrado entre tantas sonrisas, camionetas, casas y apellidos. Pero está siempre ahí, agazapado, listo para mostrar sus garras. Y el miércoles 27 de octubre, ese odio expuso su peor rostro.
Cuando el país aún sufría el sacudón de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, el titular de la Asociación Tradicionalista Gauchos de Güemes, Carlos Diez San Millán, hizo circular por mail un poema, de su autoría, festejando el suceso.
En una parte del texto, titulado “El pasajero del infierno”, San Millán escribe: “No lo sé, y no es por suerte/ que en el día de este censo,/ el descuento te llegara/ y te borre para siempre de mi suelo/” Unos versos más adelante dice: “¡Basta ya! Y esto se acaba,/ el tiempo malo no es eterno/ lo que ha de ser será,/ y el diablo se ha vuelto p’al averno/ Escuchen el llanto tan sentido/ de algún piquetero revoltoso,/ cuando doña Justicia me lo mande,/ a la cueva de barrotes, como a un oso!” Y San Millán decide rematar su texto así: “El cruel emisario de la hoz/ que acompaña al cruel martillo,/ ha partido al pago del invierno/ y seguro llegado al infierno”.
Además de ser el encargado de la agrupación tradicionalista y de ostentar su título de Ingeniero en Producción Agropecuaria, Carlos Diez San Millán siempre tuvo –aunque el texto anterior parece desmentirlo- pretensiones literarias. Fue Asesor Agropecuario del Banco Provincial de Salta y allí aprovechó para hacerse conocer en el mundo de las letras: algunos de sus poemas y cuentos cortos fueron publicados en el boletín de la institución bancaria donde trabajaba (la información detallada pertenece al portal cultural de la Cámara de Diputados de la provincia).
Si bien tiene varios libros publicados, algo nada difícil en Salta para alguien con plata y tres apellidos, el nombre de Carlos Diez San Millán recién se hizo públicamente conocido este año, cuando Cuarto Poder y otros medios de comunicación señalaron las irregularidades dentro de la institución, la sospecha por parte de otros socios de tratar de realizar un negociado inmobiliario con uno de los predios de la asociación, los millonarios subsidios que le otorgó el gobernador Juan Manuel Urtubey –socio, junto a Leopoldo Van Cawlaert- entre ellos uno para el funcionamiento de una escuela que no funciona.
Desde hace un tiempo la Asociación está escindida. Hay un grupo que resiste, que no puede aceptar que una institución así esté en manos de niños bien que solamente ningunean a los verdaderos gauchos, a esos tipos humildes que apenas si tienen unos trapos y un caballo y que tanto han dado por esta tierra.
Nazionalistas
Por estos días, el gobierno que más favoreció al resurgir de la vieja oligarquía salteña, desde su entumecida Secretaría de Cultura decidió resucitar los viejos “Juegos Florales.” El tema del concurso está delimitado así: “Canto a septiembre en Salta en el año del Bicentenario de la Patria, vinculado por ejemplo al paisaje, a los poetas, a los héroes regionales, a las celebraciones y festejos o a cualquier otro aspecto relacionado con el perfil cultural de la Provincia” (sic). Los Juegos florales siempre fueron una invitación a reforzar el estatus quo: gana el que mejor elabore una oda a la salteñidad.
Los premios que ofrecen son superiores a cualquier otro concurso convocado por la provincia en los últimos quince años. Además de la publicación, ofrecen 3 mil pesos, una notebook, y una estadía en el Hotel Termas. Itero: jamás hubo tantos premios.
Una persona que supo destacarse mucho en estos juegos florales fue Emma Solá de Solá, quien recibió, por un poema de de seis estrofas A la Virgen del Milagro el Primer Premio de los Juegos Florales de Salta de 1935. Su hermana, Sara Solá de Castellanos, también escribió un capítulo fundamental dentro de la literatura salteña, capítulo que la hace, de alguna manera, predecesora de Carlos Diez San Millán.
En el ensayo “El Milagro en la Literatura de Salta”, el licenciado Rafael Gutiérrez da a conocer que Sara Solá de Castellanos, en el mismo concurso en el que participó su hermana recibió la medalla de oro, por su "Poema del Señor del Milagro". Años más tarde, ese poema integró el libro “FLORILEGIO DEL MILAGRO Y SANTORAL”. “El libro tiene una primera parte de diez poesías "Florilegio del Milagro" y la segunda, "Santoral" de veinticuatro poemas dedicados a varios santos y vírgenes pero con mayor cantidad de poesías dedicadas a santas "Mujeres cristianas", "Mujeres de judea", "La Mujer de Roma", "La mujer de Bizancio", "La mujer del presente". Al final hay un "Historial del poema del Señor del Milagro" e "Historia del Poema de la Catedral", describe Gutiérrez.
Lo que sigue parece sacado de la novela “La literatura Nazi en América Latina”, de Roberto Bolaño, pero no es más que un pedazo de nuestra historia. En 1955, Sara Solá de Castellanos publica una plaqueta, que titula, con predecible solemnidad salteña, “Voz Argentina” y allí, en el poema Clamor, si bien habla de la procesión del Milagro, ocupa unos cuantos versos en festejar el golpe de estado y derrocamiento del peronismo. Este análisis hace Rafael Gutiérrez: “…en el último verso de la penúltima estrofa "Líbranos de esta negra tiranía!" y en los dos versos finales dice "Amaneció radiante la mañana! Brilló la libertad al otro día! ...", haciendo una clara alusión a la llamada Revolución Libertadora que puso fin al segundo gobierno de Perón que en esos momentos se encontraba enfrentado con la Iglesia… En definitiva todo el poemario está dedicado a exaltar la rebelión liderada por el Gral. Eduardo Lonardi, con clara y directas alabanzas a la Armada que fue decisiva en el golpe. Además la tapa de la publicación está ilustrada con un cruz, precedida por un ancla y una bayoneta y con una estrella arriba del conjunto.”
Sin sorpresa se puede leer que el segundo poema del libro Sara Solá de Castellanos se lo dedica a su hijo Guillermo, Capitán de Corbeta.
Viva la muerte
Cambiaron las caras, pero las caretas siguen siendo las mismas. La muerte más celebrada por la oligarquía salteña no fue la de Néstor Kirchner, ni de la Juan Domingo Perón. Fue la de Martín Miguel de Güemes.
El 25 de mayo de 1821 el General Martín Miguel de Güemes fue destituido por decreto del poder provincial. “Con todo el lleno de majestad y energía propio de un pueblo cansado de sufrir los males que su capricho le ha causado en los seis años de la más penosa esclavitud en que ha gemido bajo el execrable yugo con que se le ha tiranizado, se reunió ayer 24 de mayo en esta sala capitular (…) quedando en consecuencia Usted legítimamente depuesto de la magistratura que no mereció y borrado del catálogo de ciudadanos, por los crímenes que ha manchado hasta el nombre americano”, expresaba el decreto con el que fue echado el gaucho. Firmaban el decreto: Saravia, López, Frías, Usandivaras, Echazú, Solá, Uriburu.
Lo destituyeron. Festejaron cuando supieron de su muerte. Después el tiempo y la historia transformaron a ese gaucho que los patricios execraban en un héroe y entonces ellos no hicieron más que apropiárselo: borraron la historia e inventaron una tradición que los favorecía.
Cuando el estado trabaja para ellos, parecen superficiales y anodinos. Pero cuando alguien intenta repartir los beneficios y se acuerda de los eternos olvidados, entonces los integrantes de nuestra oligarquía revelan su verdadero rostro, un rostro transido de odio y sordidez, que muestra que son capaces de hacer lo que sea para que nadie amenace sus privilegios.
(*) Publicado por el semanario Cuarto Poder, el sábado 6 de noviembre de 2010 La imagen que ilustra este post es de la poetisa mencionada en la nota.
jueves 4 de noviembre de 2010
INFAMES PATRAÑAS[1]
Texto enviado por Juan Manuel Diaz Pas
algunas de ellas son exactas
Néstor Perlongher, Rivera
La palabra proceso tiene en este caso su acepción judicial. No escondo ningún propósito de participar en la elaboración de la historia de la literatura peruana. Me propongo, sólo, aportar mi testimonio a un juicio que considero abierto. Me parece que en este proceso se ha oído hasta ahora, casi exclusivamente, testimonios de defensa, y que es tiempo de que se oiga también testimonios de acusación. Mi testimonio es convicta y confesamente un testimonio de parte. Todo crítico, todo testigo, cumple consciente o inconscientemente, una misión. Contra lo que baratamente pueda sospecharse, mi voluntad es afirmativa, mi temperamento es de constructor, y nada me es más antitético que el bohemio puramente iconoclasta y disolvente; pero mi misión ante el pasado, parece ser la de votar en contra. No me eximo de cumplirla, ni me excuso por su parcialidad.
JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, "EL PROCESO DE LA LITERATURA" EN 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (1928)
1.
Hablar de YA ERA, Productora de ideas alternativas y de trabajo no formal, supone considerar el relato de las diversas experiencias editoriales y emprendimientos independientes de poetas menores de 35 años en Salta en los últimos ocho años. Recuerdo que allá por 2002 conocí a Alejandro Luna, José González y Diego Ramos en los inicios de la carrera de Letras. Ellos pertenecían a una cofradía más o menos secreta que se hacía llamar La sociedad de los poetas ebrios. En ese entonces sacaron el único número que vio la luz con sus textos y de otra gente que se ha perdido en el camino, con ilustraciones del Cubano, seudónimo o alias (según la autoridad que lo requiera) de Diego Germán Arroyo, uno de los dibujantes más lúcidos a la hora de la crítica y sensibles a los conflictos sociales. La mayoría de los textos llevaban seudónimos por firma y daban cuenta de ciertas inseguridades de principiante. Ese mismo año tuvo lugar el primer concurso de poesía universitaria, en el cual Luna y yo obtuvimos menciones. Desde entonces trabamos una amistad que dura hasta el día de hoy.
Disuelta la Sociedad de los poetas ebrios, comenzamos a participar en eventos públicos de lectura. Acarreábamos nuestras plaquetas fotocopiadas y las repartíamos a quienes pasaran. Pero no fue sino hasta la aparición de la revista Kamikaze, un proyecto que contaba entre sus principales fundamentos la edición autogestionada de los libros de cada uno de los integrantes: Carlos Varas Mora, Mariano Pereyra, José González, Rodrigo España, Diego Ramos, Alejandro Luna, Fernanda Salas y quien les habla. La revista comenzó a salir en 2005 y no tuvo una tirada muy grande ni regularidad, carecía de editorial y tampoco contaba entre sus páginas con publicidad, de hecho estaban concebidas para regalar.
Los dos primeros números llevaban por título Todo por salvarla y Contra los culos apretados, en cierta manera hablaban por sí solos desde la tapa. La primera tenía un dibujo de Luna, firmado con el seudónimo equus pauper (caballo pobre), que luego daría nombre a su proyecto editorial, en donde una especie de hombre aniñado estaba tumbado en el piso con una flor a punto de romperse en la mano. La segunda era uno de los poetas metiendo el puño en el culo a la estatua de Dávalos, algo así como un fist fucking a los primeros atisbos fascistoides del gobierno de Romero que luego vendrían para todos los salteños.
La estética de Kamikaze, si acaso puede hablarse en esos términos de algo tan grotesco, remitía de manera continua a experiencias cuasi lúmpenes, vivencias de orilla suburbana, pobreza y drogadicción. Es decir, la poesía planeaba sobre percepciones alteradas de la realidad y también observaba con atención y demora aquéllos límites donde el gusto deja de ser bueno y la cultura deja de ser alta. Desde luego existía una intención explícita de identificar la práctica poética con el lugar social del cual proveníamos todos nosotros. Sin embargo no es mi deseo postular que somos la voz del pueblo salteño, la voz de los oprimidos y que vamos a hacer la revolución, nos conformamos con sugerir que la catástrofe ya ha sucedido y esto es lo que queda para decir.
Nietszche sostenía que una ventaja de su tiempo era que cualquier plebeyo podía acceder a lo mejor, es decir lo más aristocrático de cada época, como por ejemplo a Homero, la cúspide de la cultura helénica. Pues bien, nosotros creíamos en la reversibilidad de tal enunciado: nuestra literatura plebeya pretendía irrumpir en los salones aristocráticos de Salta. La finalidad en ambos casos es semejante: modificar el gusto. Comprendemos que el gusto resulta de una ardua labor no exenta de transacciones de orden estético, ético, ideológico, político, sociológico, psicológico. Y en tanto compete a ciertos sentidos acerca de la realidad, supone una disputa por aquellas zonas en donde los seres humanos nos jugamos por el sentido de la vida.
En este caso, la disputa giraba en torno a decir qué era y qué no era poesía en Salta y quiénes podían proferir tamaños juicios de valor. Por ese motivo decidimos sacar a la calle, y salir nosotros con el libro en la mano, un pequeño volumen titulado Crack, de José González. El mito dice que la primera tirada fue de 13 ejemplares encuadernados en cartón corrugado que habíamos recolectado en las calles, cosidos a mano e impresos en una tinta verde algo extravagante. El libro salió en simultáneo con el que sería el último número de Kamikaze, E’ guanaco, expresión pintoresca de las villas para decir de alguien que es muy vivo.
Presentamos estos textos en un encuentro de GRADA en Ledesma. Nos fuimos medio peleados con los escritores porque a ellos no les parecía lindo eso de andar a las puteadas cada dos renglones. Un escritor jujeño, cuyo nombre no recuerdo, ofició como defensor circunstancial. Luego intercambiamos algunos textos. Nos volvimos con los bolsos llenos de nuestra poesía y, por cuestiones de trabajo y estudio dejamos de publicar.
En 2008 Alejandro Luna empezó a asistir a los talleres de poesía dictados por Cristián Adet, hijo del gran poeta Walter Adet, para internos del hospital neuropsiquiátrico de Salta. A partir de esa experiencia edita a dos asistentes del taller Rubén Darío Perea y de Leonel Zapatero bajo el título Circus. Este título marcará el punto de arranque de equus pauper, editorial artesanal que ha publicado, en un formato intemerdio entre el libro y la revista, a Fernanda Salas, Diego Ramos y Rolando Vargas, además de Poemas institucionales y Sublevación de los objetos del propio Luna, uno de mi autoría, Miniaturas de la oscuridad, y la re edición de El pan del consuelo, de Jesús Ferreyra.
Para quienes no lo tienen presente, Ferreyra es el de mayor edad de todos los mencionados hasta ahora y, si nos dejáramos guiar por análisis generacionales, él pertenecería a la de Carlos Aldazábal, Eduardo Robino y Atilio Romano, información que no agrega conocimiento a sus apuestas poéticas. Sin embargo consideramos que su filiación con nuestra escritura y nuestra práctica editorial sobrelleva el sentido de una toma de postura con respecto al campo literario salteño ya consolidado: marca el punto en el que nosotros nos diferenciamos de ellos. A su especial manera, Jesús es una bisagra que, junto a la poesía de José González, permitió la apertura a una sensibilidad en clara disidencia con el discurso poético oficial.
Así pues, llegamos a YA ERA que, como se habrá visto, no es una improvisación de última hora. El proyecto nació como un fanzine y contaba en sus primeras horas con el esfuerzo de un par de artesanos. Luego ganó envergadura gracias al contagio de boca en boca y al sentido de intervención social que sostienen muchas de sus prácticas y postulados. Estos diseñan sus estrategias de intervención de manera tal de acercar la poesía a la gente común (salvo que ¿quién no es común?), formar grupos de socialización a través de actividades comunitarias como ferias de libros, talleres de artesanías, de reciclado y de malabares, espectáculos de títeres y publicación de poesía de los autores ya mencionados. Lo notable es que no existe un centro de operaciones sino que cada actividad se sitúa en algún barrio de la periferia salteña, con lo cual la audiencia gana en diversidad y número.
En la actualidad YA ERA, más allá de la repetición de ciertos lugares comunes por parte de algunos críticos que ven en esto una copia de Eloísa cartonera, ha movilizado sus esfuerzos para conseguir abolir ciertas contravenciones municipales que afectan el pleno ejercicio de derechos de artesanos, malabaristas y trabajadores callejeros, quienes son diariamente sometidos por la policía de la provincia de Salta y encerrados en la Alcaidía de la Ciudad Judicial. Sin ánimos redentoristas de ninguna especie, creemos que no está de más actuar e intervenir en los conflictos sociales, militancia que no se escuda bajo el ala de ningún partido, pues descreemos del poder de estos para cambiar el mundo, sino que asienta su pie en la idea de que la voz es de todos y funciona por donación: el hecho de que sea yo quien habla no es más que una circunstancia, un evento en el devenir del discurso, apenas mi voz señala una estación y el germen de otras voces, las que me contradirán y las que hablarán conmigo.
Por otra parte nuestra práctica no invalida la de los demás, tampoco pretende anular o ningunear esfuerzos genuinos por cambiar el estado del campo literario, por el contrario, sostenemos nuestra fe transformadora en un malentendido primordial: no queremos que todos digamos lo mismo, queremos decirlo al mismo tiempo.
Un libro que nadie lee no existe. Un libro que recurre de manera sistemática al discurso de los poderosos es un loro parlante, una marioneta de los que aplastan cabezas. Es por ello que resulta en extremo saludable discutir las funciones sociales que desempeñan el poeta, el editor que decide publicar esto y no lo otro, el lector que elige (¿?) leer determinada literatura, el crítico que selecciona, jerarquiza, desestima, rechaza, ordena, ignora y legisla sobre el gusto, el docente que enseña y recorta los textos según necesidades ajenas a la formación de espíritus libres.
YA ERA, ahora me refiero a la revista colectiva ilustrada por el Cubano, es una recopilación de mitos, leyendas, medicina alternativa, gualichos, poesía, historia de gente de la calle, drogadictos, cirujas, marginales, pobres en general. Sin embargo no está cerrada a un solo público pues pudo haber sido escrita por cualquiera, no lleva firmas y tampoco interesa demasiado esa función autorial como el reconocimiento del valor performativo del lenguaje. Existimos en la creencia de que la literatura es un medio de transporte complejo: genera y distribuye sentidos en una sociedad; aproxima sujetos que se reconocen en la respiración, en el ritmo de una voz; hace posible el encuentro con el otro, encuentro que sucede cuando uno da aquello que no le pertenece, la palabra, a aquel que no se lo esperaba.
Resulta en extremo saludable que exista equus pauper, YA ERA, Víctor Hanne, la Subsecretaría de Cultura de la Provincia, porque así la diversidad de estéticas, de modos de producción, de formas de poner los textos en circulación y el público que esas prácticas editoriales generan se enriquece, permiten discutir los vínculos con los poderes, producir las tensiones necesarias para romper y renovar el pacto con ciertos discursos y sobre todo genera una competitividad que afecta a eso que llamé el sentido de la vida. No todo cuanto se dice está en los libros, YA ERA encuentra en las paredes, en papeles rotos esparcidos al azar, en la oralidad del callejeo, en la feria y el desorden ambulante los espacios vinculares de su comunidad y los sentidos de sus prácticas.
2.
Al parecer nuestra curiosa época perdió la fe. Como muchos de los aquí presentes, provengo de una provincia mediterránea situada en una de las regiones más pobres del planeta[2]. No creo, sin embargo, que haya una relación directa entre la aridez del paisaje y las producciones intelectuales de sus habitantes. Pero sí creo que ese argumento resulta funcional a la hora de alistarse en las filas regresivas de los críticos y literatos del Estado, quienes ven con ojos irritados nuestro desempeño artístico. Por ejemplo, en Salta no se discute el canon, se lo da por sentado: Dávalos, de prosa insuperable, y Castilla, el de “ojo decididamente virgen”[3].
De muchas maneras sostener que Dávalos y Castilla son insuperables, desconociendo a la poesía de Jacobo Regen y a la prosa de Juan Ahuerma, supone la sumisión a los rigores de los estudios de linaje. Una de las funciones de este tipo de estudios consiste en ejercer un control sobre las sucesiones legítimas de escritores. Generalmente un notable realiza esa labor[4]. Santiago Sylvester, por caso, ha asumido esa tarea teniendo como horizonte epistemológico el análisis generacional: elabora un listado de nombres, realiza generalizaciones sobre sus textos y en su papel de notable extiende carta de ciudadanía a escritores hasta entonces iletrados. La dispersión de la palabra poética, en muchas ocasiones, se ve coartada por la difusión y mención de nombres. Un mencionado, en boca de un notable, se convierte en poeta, título que ni Jesucristo se dio para sí. De esta manera el ejercicio crítico se convierte en una función pública y el poeta entra a conformar una casta aparte dentro de la sociedad, la de los iluminados, personajes flotantes que recorren las callecitas del centrito observando cómo el mundo se mueve debajo, muy por debajo de sus pies.
Ahora bien, ¿dónde quedan y qué lugar ocupan los ciudadanos iletrados en la ciudad lustrada?, ¿tienen voz?, y si la tienen, ¿qué dicen? Siempre resultará curioso el hecho de que en Salta, cuando alguien tiene la palabra, no la quiera soltar. Por el contrario, un acto fundamental de la literatura consiste en impactar en el corazón de su tiempo.
Puestos a caminar por las calles, existen horas en que uno se ha convertido en oído y entonces advierte que una solidaridad básica de la poesía sucede en el acto de compartirla. Entonces, ¿por qué esperar un año para ganar un concurso de la provincia si podíamos publicar cinco títulos en una semana? Los tiempos han cambiado, ¿es necesario decirlo?
Un libro que señala un punto de partida a YA ERA es Crack, escrito en 2008 y publicado por Kamikaze ese mismo año. En él, el lenguaje padece la torsión suficiente para dar cuenta de cuerpos sometidos a la catástrofe. El poema 13[5], por ejemplo, ejecuta en su vaivén el sentido posible de la carne flagelada por el paco en las villas salteñas bajo las botas policiales de fines del romerismo. El poema 22[6], por su parte, escenifica el deambuleo urbano, la paranoia de los narcotizados y los estados alterados de los sentidos. La alteración del sentido construye la respuesta violenta sobre el lenguaje a la violencia de los poderosos sobre los cuerpos de los jóvenes[7].
Eran tiempos de miseria material e intelectual en la casa donde vive la cultura, Caseros 460, por si no lo encuentran en el Google map. ¿De qué manera los poetas y funcionarios de la poesía, encantados en digitar el sistema de sucesión literaria, “objetivaban la realidad de su tierra”? Si leemos el poema 27 de Crack vemos que la voz generada desde ese lugar extraño a la percepción oficial impugna la validez del discurso hegemónico:
“¿ qué poesía ? que el choto me chupe la poesía
he leído y escrito palabras sin carne ni lengua
ahora ya fue o va a ser
y la poesía: antiguo espiral de muertos en la boca”
Morandini nos informa que Dávalos fue el mejor en cuestiones de objetivar un habla regional, claro que olvidó decir que lo hacía como ninguno. Es posible decir que el valor de esa literatura de autor notable, realista, conservadora, que reproducía de manera tardía una tradición a destiempo, vale por haber sido la primera de su tipo en esta pobre región.
La sensibilidad, el gusto, los sentidos de la vida cotidiana, todos son objetos de disputas. Algunos poemas cuestionan y ponen en crisis la escritura misma del valle. Por todas partes, estos discursos buscan sus modos de circular y alcanzar aquellos lugares adonde únicamente llegan unos colectivos repletos de polvo y gente. Nunca está demás preguntarse si quienes viven en las orillas de la ciudad lustrada también son ciudadanos. Veamos por ejemplo este fragmento que diseña un escenario hostil, donde la circulación de los ciudadanos está marcada por fuerzas centrífugas:
“Todos complotan en el país de los pelotudos, tantos celulares para no comunicarnos con nadie en el microcentro policial, casco histórico, policías, tiendas, más policías, tiendas para policías, tiendas para policías de barrio, sillas en la mesa, las mesas en las calles y sus plazas adoquinadas, los hippies, las cámaras por seguridad, la ley seca, los niños abusados, las botellitas de plástico, los faroles, los farolitos, los arbolitos de la recova, el alambre de púas, la caja idiota en la cabeza de las escuelas, más celulares, la policía con sus celulares y sus malditas fotos de la culpa y cargo de todo lo creado.
Aquí en Salta se postra el paraíso de todos los estafadores.” (de YA ERA, revisteril contemporáneo).
Sencillamente, YA ERA es una productora de ideas alternativas y trabajo no formal, dedicada al reciclaje y producción de libros, donde participa gente de la que hay que desconfiar porque tienen los siguientes rasgos: rostros asimétricos, tatuajes, cicatrices, ropa sucia y hablan como delincuentes. Somos cualquiera escribiendo y no vamos a detenernos ahora, marchamos sencillamente[8].
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[1] Texto leído en el I Simposio del Sub-proyecto interinstitucional sobre la literatura del NOA, San Salvador de Jujuy, 19 de octubre de 2010.
[2] Cito un fragmento de la crítica realizada por el reconocido crítico cordobés Alejandro Morandini a un texto acerca de nuestras andanzas en Jujuy: “Y luego: el canon: men, vivimos en una provincia mediterránea en la zona más pobre del planeta, ¿de qué canon me hablan? Hay una pobreza material e intelectual que espanta: ahora si canon es repetir a Dávalos: bienvenido, todavía no leí ni una línea en prosa mejor escrita que la de Dávalos y no porque estuviera "bien" escrita, sino que la supere en tanto visión de la sociedad que describe y el uso del lenguaje local y acierte en lo que objetiva, lo mismo con los versos de Castilla”. El texto completo puede consultarse en el blog opadromo (http://opadromo.blogspot.com/2010/10/respuesta-iracunda-las-andanzas-de-juan.html) en donde además han sido publicados textos de Alejandro Luna y de quien les habla acerca de cuestiones referidas a los sistemas de legitimación de discursos en la Provincia de Salta.
[3] He recuperado ese verso de un libro de poesía del reconocido crítico cordobés, Bestias domésticas, que ganó el concurso de poesía para autores inéditos del año 2005 de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta. No debemos olvidar que esta última es la principal institución legitimadora en Salta, sus dictámenes otorgan, de manera automática, las llaves de la ciudad letrada.
[4] En una monografía sobre el anarquismo en Argentina, Luz Heredia sostiene que es posible advertir prácticas cristalizadas en las sociedades de las provincias que denomina nepotismos provinciales. Dichas prácticas generan representaciones sociales que desactivan la movilidad social de los actores, puesto que tienden a perpetuar en lugares estratégicos de poder a las élites dominantes: “estos grupos no son ni se imaginan iguales. La desigualdad y la jerarquía son públicamente reconocidas, son consideradas como naturales. Estas categorías nativas de superioridad “naturales” son encarnadas en un actor especifico, el notable, quien es la única voz legítima de enunciación […] Los notables eran personas con educación y erudición, en su mayoría pertenecientes a familias de renombre de la clase aristocrática, los depositarios no solo de la tradición sino también del poder político y económico”.
[5] cuerpos cuerpos cuerpos /sombra// repetición del mismo cuerpo/ en la esquina/ en el cordón de la vereda// todos los días el mismo día en la cuadra/ mudanza inmóvil de los cuerpos/ que son ninguno/
la eternidad instantánea/ de una esquina a otra// mudanza inmóvil de ruinas// chispazos de encendedores que ponen/ a funcionar los relojes/ durante el único segundo antes de ser/ fantasma al final de una pipa
[6] dibujito del odio escrache en los ojos/ no mirés/ no mirés// se ha aplicado la tumba/ y todo el mundo policía/ vigila los rostros rotos// alambra el mundo con borde atravesado// sólo el llantazo quiebra límites en las caras// escritura sin palabras
[7] El cuento “Valentín, historia de un pipero”, publicado en YA ERA, tiene la siguiente dedicatoria: “a todos aquellos que habitan en los sótanos del infierno y mantienen viva la fe de las calles, sus códigos vivos y su lacerada juventud, porque son ejemplos tristes del dolor y la pasión por un inexplicable viaje al fondo del horno”.
[8] "vacilamos, pero es necesario que no nos asustemos ni soltemos, por así decir, el nuevo saber. además, no podemos ya volver a lo antiguo; hemos quemado las naves y no nos queda más remedio que hacer de tripas corazón, suceda lo que suceda. marchamos sencillamente, cambiamos de sitio". (fragmento 248 de humano demasiado humano).
